La Costa Riojana

Pequeños pueblos detenidos en el tiempo:

Al norte de Sanagasta, en el departamento Castro Barros, se despliegan una serie de pintorescos pueblos que se encadenan por la Ruta 75, costeando los cerros, de allí que se los denomina la “Costa riojana”. Desde Las Peñas hasta Santa Cruz, cada lugar tiene un particular encanto y atractivos culturales para descubrir. Las iglesias, los pequeños y acogedores pueblos con su arquitectura rural intacta, permiten un viaje hacia otros tiempos, en un entorno donde el cordón del Velasco está siempre presente.
Por ejemplo, en Las Peñas (55 kilómetros de La Rioja), primer poblado de la región, se destaca por la Iglesia de San Rafael y el Festival del Quesillo, que se realiza cada enero.

A pocos kilómetros, luego de atravesar Aguas Blancas, en Pinchas el viajero tiene una cita ineludible con Doña Frescura, una vecina reconocida por sus tapices con motivos criollos de raíces indígenas que crea con su telar de madera, en su propia casa. Los trabajos de Doña Frescura son en general paisajes costeños y motivos indígenas de la cultura Aguada. Es difícil no tentarse y llevar uno de sus notables trabajos.
Más hacia el norte, aparece Chuquis, pueblo natal del presbítero Pedro Ignacio de Castro Barros, teólogo, político y pensador, que fue uno de los congresales en Tucumán en 1816. Allí se encuentra el museo dedicado a Castro Barros montado en su casa natal, donde se rescata buena parte de la vida de una personalidad que contribuyó a forjar nuestra nación.
Seguidamente, Aminga es el pueblo más grande, la cabecera del departamento, con sus largas calles y entorno arbolado que invitan a pasear.

Ya en Anillaco, pueblo natal de Carlos Menem, se encuentra una buena infraestructura para almorzar, cenar o pasar la noche; la hostería de Los Amigos y el hotel del Automóvil Club son buenas opciones para comer y descansar. La calle principal acompaña el canal que distribuye el agua para los viñedos del pueblo, que cuenta con varias bodegas, entre éstas San Huberto. En Anillaco se destaca la planta de piscicultura que se dedica 100 por ciento a la producción de caviar, única en la Argentina.

Más hacia el norte aún, a pocos kilómetros se encuentra Los Molinos, otro tranquilo pueblo que conserva en la plaza principal los restos de dos molinos harineros del siglo 18, levantados por los españoles, que le dan nombre.
La recorrida sigue por Anjullón y San Pedro, para culminar en Santa Vera Cruz, lugar que Dionisio Aizcorbe eligió para instalar una llamativa construcción que todos conocen como el “castillo de Dionisio”. Rodeado por una densa arboleda y por los canales de riego, el castillo es un edificio de formas extrañas y colores llamativos, influenciado por el surrealismo, que se destaca del paisaje agreste y es la mejor forma de finalizar un recorrido que, en menos de cien kilómetros, reúne una variedad de experiencias para el turista.

Recomendamos: retornar a La Rioja para pernoctar, o bien alojarse en el Hotel del Centro, en Aimogasta, a pocos kilómetros de Santa Vera Cruz.